En la búsqueda de una mayor productividad y obtención de mayores resultados la mayoría de directivos, emprendedores y coordinadores se han dado cuenta que deben cambiar el chip y dejar atrás hábitos insanos.

Cansados de las largas jornadas, de que sus equipos sean cada vez más ineficientes y que sus vidas personales y familiares se vean altamente resentida buscan un cambio que no les afecta sólo a ellos; también influye en sus equipos.

Muchos de ellos lo consiguen cuando se dan cuenta de algo muy importante: sin cambios no se producirá el cambio. Hay que romper con la inercia y tomar un nuevo camino.

¿Cómo lo logran? ¿Qué cambios muestran estos “nuevos jefes?

Los rasgos más eficientes

Estos directivos, emprendedores y coordinadores saben que un cambio personal-profesional requiere de la suma de muchos pequeños cambios que los llevaran a lograr ese gran cambio que mejorará su vida y a sus equipos.  A continuación tenéis algunos de los rasgos que mejor les identifican.

Tienen nervios de acero

No se dejan llevar por las falsas urgencias o imprevistos que se les presentan. Piensan mucho antes de realizar cualquier acción que implique cambios en su plan de trabajo o el de sus equipos. Analizan el imprevisto, calibran las consecuencias y después toman la mejor decisión.

Exprimen el inicio del día

Empiezan el día con el trabajo de más calidad, donde su aportación es importante. Las dos primeras horas del día las reservan para llevar a cabo las tareas de mayor valor y evitan las reuniones, mirar el correo o hacer tareas ligeras durante ese tiempo. Saben que esas horas son las que mayor productividad suelen aportar y las exprimen al máximo.

Instalan el no-interrumpir como cultura empresarial

Son conscientes que cada vez más se depende de las ideas y que estas no fluyen si son interrumpidos a cada momento. Por eso marcan franjas de no-interrupción, momentos para tratar temas y se ayudan de algunas herramientas para aumentar el tiempo real de trabajo y convertirlo en tiempo de calidad.

Son inmunes a la reunionitis

Saben que en las reuniones no se trabaja y que contra más reuniones se hagan menor es el tiempo real de trabajo para hacer lo que en ellas se habla y esto les lleva a eliminar reuniones inútiles y buscan alternativas que perjudiquen menos a su equipo (correos electrónicos, videoconferencias, charlas de a dos…)

Desmitifican el correo electrónico

Se han dado cuenta que el correo electrónico no es un lugar  donde coordinar, analizar, tener ideas, etc. El correo es una herramienta de comunicación y lo utilizan para ello. Lo abren puntualmente y lograr el Inbox Zero deja de ser una de las tareas primordiales del día.  Únicamente lo abren si tienen que trabajar con él y el resto del día se concentran en hacer tareas más importantes.

Son buenos comunicadores

El trabajo en equipo, la colaboración y compenetración exige saber comunicar ya sea por teléfono, por correo, en conversaciones, reuniones…  Son conscientes que una mala comunicación es peor que la falta de la misma. Por eso llevan a cabo una comunicación eficaz y evitan realizar ciertas acciones comunicativas que puedan afectar negativamente a muchos.

Saben desconectar

El cansancio es el adversario de la productividad personal. Por ello saben que finalizada la jornada laboral lo mejor es pulsar el botón de apagado y desconectar.  La energía, la frescura  mental y las ideas llegan si se sabe desconectar y descansar a fondo. El descanso es parte del éxito en el trabajo.

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