A lo largo del día hemos de tomar un gran número de decisiones. La mayoría de ellas son sencillas, pero de vez en cuando se nos presenta una decisión que consideramos importante. ¿Y cómo decidimos sin perder el tiempo? Muchas ocasiones lo hacemos por intuición y en otras no nos acabamos de decidir entre el gran número de opciones que se nos presentan.

Las decisiones rápidas se pueden convertir en una gran herramienta con muchas ventajas: nos permiten seguir un gran volumen de información y comunicación, reducir nuestro estrés, mejorar nuestra productividad y darnos una mejor reputación sobre el control de nuestro trabajo.

Es por eso que hoy queremos dedicar este post a explicaros cómo podemos tomar decisiones rápidas ante cualquier situación que se nos presente.

Qué hacer para tomar decisiones rápidas

Tomar decisiones es algo que a la mayoría de personas nos cuesta porque cada vez que hemos de tomarlas nos encontramos frente a un contexto nuevo en el que no sabemos cómo van a ir las cosas. Por eso lo mejor es guiarnos siempre por un mismo proceso que nos permita decidir entre múltiples opciones, así seremos capaces de tomar decisiones de manera rápida y fácil y sin equivocarnos.

Los siguientes consejos nos pueden ayudar a crear y seguir dicho proceso para la toma de decisiones rápidas:

  1. Tener claro cuál es la decisión a tomar. Lo más importante para que el proceso funcione es saber exactamente cuál es su objetivo; entrar a trabajar en una determinada empresa, escoger que carrera estudiar el próximo año, que evento es el que mejor funcionará para la empresa…
  2. Establecer las bases para nuestro criterio. Se trata de centrarnos en el tipo de decisión que hemos de tomar. Por ejemplo, si esa información que nos ha llegado requiere realizar una acción, si hemos de delegarla, si toca archivarla para una futura referencia, o si no necesita de ninguna acción.
  3. Aprender a dónde pertenecen las cosas. Este va ligado al criterio anterior. Como resultado de la decisión que hemos tomado, cada elemento tiene un destino determinado al que hemos de enviarlo.
  4. Analizar porqué aún quedan decisiones por tomar. En ocasiones vamos acumulando las decisiones que hemos de tomar y de pronto nos encontramos con un montón. Cuando esto ocurre hemos de buscar el motivo de dicha acumulación y darle una solución. Muchas veces se trata de una falta de sistema general, por eso lo ideal es crear un proceso que nos sirva para todas las ocasiones.
  5. Saber lo qué importa. Cada decisión tiene una parte que es la más importante, sabiendo cuál es podremos obviar el resto de cosas que nos dificultan el tomar la decisión y hacerlo en base a lo que realmente importa.
  6. Conseguir la información que necesitamos. En ocasiones, no podemos tomar una decisión porque nos falta información. En este caso tendremos que buscarla (vía email, internet, teléfono…) y ver si nos ayuda a decidirnos.
  7. Conocer el resultado deseado. Este va ligado con el primer consejo. Saber cuál es el objetivo nos ayudará a visualizar el resultado que queremos obtener y así orientar las decisiones hacía conseguirlo.
  8. ¿Cuál es el siguiente paso? Una vez ya hemos tomado la decisión, solo nos queda determinar el siguiente paso para asegurarnos el resultado.
  9. Usar la técnica 10, 10, 10. Otra manera que puede ayudarnos a tomar una decisión es seguir esta técnica desarrollada por Suzy Welch en su libro 10 minutos, 10 meses, 10 años: una forma de transformar tu vida. Se trata de valorar que consecuencias nos puede acarrear a corto, medio y largo plazo el tomar decisiones rápidas mediante el planteamiento de estas tres preguntas:
    • ¿Cómo me sentiré y estaré dentro de 10 minutos si decido optar por esa opción?
    • ¿Cómo me sentiré y estaré en 10 meses si decido escoger esa opción?
    • ¿Cómo me sentiré y estaré dentro de 10 años si tiro adelante con esa opción?

Recent Posts